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Moscas para la pesca en el Pirineo Aragonés, Presentación Imprimir E-mail
Técnicas
Escrito por Administrador WEB   
Jueves, 11 de Febrero de 2010 01:05

“En nuestra familia no había una diferencia clara
entre la religión y la pesca a mosca”

Norman Mc Lean. El río de la vida.

ordiso1.thumbEl Pirineo, y más concretamente, el Pirineo aragonés, es una de las zonas de nuestro país con mayor proyección para el desarrollo de actividades relacionadas con el medio natural. Todas las actividades relacionadas con la naturaleza, el ocio y el deporte (especialmente el relacionado con actividades de montaña), adquieren en el Pirineo aragonés una especial importancia.

Entre estas actividades de carácter lúdico-deportivo no podía ser una excepción la práctica de la pesca. De hecho la zona que nos ocupa, es una de las más importantes de España en lo referente a pesca de la trucha, tanto por la abundancia de ríos trucheros, como por la propia abundancia de peces.

Quizá como consecuencia de ello, y en cualquier caso por la tradición que esta actividad tiene entre nosotros, existen muchos pescadores que disfrutan de estos magníficos recursos, y que con ánimo de defender nuestros ríos, truchas y afición, han decidido agruparse en Sociedades Deportivas de Pescadores que intentan velar porque esa defensa sea lo más efectiva posible.

A todas ellas, y especialmente a sus socios, está dedicado este breve trabajo.

Hace muchos años, en nuestros pueblos pirenaicos no se conocía otra forma de pesca que la pesca con artes que hoy consideramos ilegales (trasmallo, volturín, esparvero, filatóns, soguetas, etc.) y la pesca con caña y cebos naturales o moscas artificiales (estas utilizadas en muy escasa medida y de forma totalmente distinta a como hoy las usamos). La pesca tenía entonces un componente casi únicamente proveedor de alimento, y casi nunca, al menos con cierta importancia, un componente lúdico y mucho menos deportivo.

La situación fue evolucionando y apareció el nylon, el carrete de tambor fijo, la cucharilla.... y mucho más tarde, un deseo creciente de aprovechar el componente lúdico-deportivo que la pesca de la trucha atesora.

Este proceso evolutivo, forzado o encauzado en ocasiones por las propias reglamentaciones del ejercicio de la pesca, ha llevado a que la tendencia en su uso y disfrute se encamine hacia la utilización como cebo de la mosca artificial. Esta tendencia, que creo que todos los pescadores consecuentes aceptamos, no debe invalidar en absoluto la utilización de otros sistemas de pesca que por su tradición, número de practicantes ( no menos responsables que los de mosca) y compatibilidad perfecta con un espíritu conservacionista (que depende del pescador y no del sistema utilizado), deben ser, cuando menos, respetados y bajo ningún aspecto perseguidos.

Sentados estos principios, creo que todos los que hemos utilizado a lo largo de nuestra vida muchos o casi todos los sistemas de pesca de la trucha, estamos de acuerdo en que la pesca a mosca es el que más satisfacción produce al pescador, el que menos lesivo resulta para las truchas, y el que a la postre va a irse imponiendo a lo largo de los tiempos.

Esa evolución se está produciendo de forma acelerada, y es previsible que aumente cada vez de forma más rápida el número de pescadores que se decantan por esa técnica de pesca.

En base a este hecho, y tras muchos años de contactos y experiencias comunes con esos pescadores a los que especialmente dedicaba este breve trabajo, me he decidido a exponer en él, unos conceptos básicos para entender, y en consecuencia poder disfrutar, de la pesca a mosca en nuestras aguas.

¡ Pican al amarillo !

¡ Cuantas veces habremos oído los pescadores ya veteranos esta o alguna expresión parecida, para definir el tipo de mosca más eficaz en un momento dado!

Quienes tienen este concepto de la pesca, y a mi personalmente me merecen todos los respetos, se encuentran todavía por desgracia en un nivel de satisfacción producida por la pesca bastante limitado. La pesca de la trucha puede producir, y de hecho lo hace, niveles de satisfacción personal mucho más elevada que el propio hecho de capturar más o menos piezas.

Con la lectura de este modesto trabajo, espero que tú, pescador de truchas a mosca en el Pirineo aragonés, puedas conseguir esa mayor satisfacción a la que aludía, porque puedas saber qué insectos debes imitar, en que época, momento y lugar debes utilizarlos y finalmente, como puedes realizar esas imitaciones.

Y espero también, que como colofón a ese desarrollo personal como pescador, te lleve su lectura a conseguir, si hasta ahora no lo has hecho, la mayor satisfacción que un pescador puede tener: devolver al agua sus capturas.

No solo como reflejo de una postura conservacionista de un bien que nos es imprescindible para seguir practicando la pesca, sino como reconocimiento a un ser que nos acaba de producir con su captura y su lucha una gran satisfacción emocional. Ese ser... ¡no merece la muerte!

Fernando Abad Maza
Noviembre 1.998

Nota: Las imágenes publicadas en este estudio han sido proporcionadas por Fernando Abad Maza, salvo las que indican expresamente otro autor.

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